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domingo, 17 de julio de 2011

Comencé esto sin darme cuenta. Espero poder terminarlo.

Prólogo.


Mientras pensaba en todo lo que había pasado ese día, una lágrima resbalaba por su cara y ella se la limpiaba prometiéndose, otra vez, que sería la última.
Eran unos días realmente radiantes los que pasaban; habiéndose anticipado la primavera los rayos de sol no se hicieron esperar y derritieron la nieve que se había acumulado llevándose consigo también los días grisáceos que tanto amaba y la lluvia que le encantaba ver chocar contra la ventana de su cuarto.
Aquella joven la verdad en esos momentos no quería pensar ni en invierno ni en nada, pero la cara de Leonard no se iba. Aquella despedida de hace once meses atrás, el término de una relación de años, cantidad que ya no importaba recordar porque él debía estar sonriendo junto a su prometida, la mujer por la cual dejó de amarla. Siempre Lara se cuestionó qué fue lo que hizo mal, fueron tantas las ilusiones, promesas de no hacerse daño... por qué dejó él de amarla fue su tortura durante mucho tiempo, pero sólo hasta ese día.
Habiendo arrugado todas las cartas,  quemándolas junto con las fotos, regalos, borrado los historiales y archivos de su computadora, se juró dejar atrás aquel asunto, aquella ilusión adolescente de un amor eterno que nadie rompería, nunca debió creer ni mucho menos en un hombre cinco años mayor cuyas actitudes siempre fueron impredecibles y cuyas palabras solo eran mentiras que servían para dejar tranquila a una niña que se creía ser madura pero en realidad le faltaba mucho por aprender.
Y sí, con esa experiencia ella aprendió mucho más de lo que aprendería en toda su vida. Se juró ser una nueva persona, una persona fuerte a la cual nadie volvería a herir. El sentirse acompañada dejaría de ser su prioridad y se enfocaría en ser gentil y blanda por fuera, pero fría por dentro.

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